26.01.2012. La presentación del libro O rural galego a debate, editado por el Foro Rural Galego, llevó ayer por la tarde al salón de actos de la lucense Casa do Saber a Julio Ulloa Vence, presidente de esta asociación del 2003 al 2007; a Francisco Javier López González, profesor del departamento de Ingeniería Agroforestal de la USC y coordinador del volumen; al ingeniero agrónomo y profesor Francisco Sineiro, quien en el marco del acto ofreció una charla sobre los desafíos del rural; a Marcos Vázquez Marey, segundo y último presidente del Foro; y a otros muchos de sus miembros, que llenaron el auditorio.
O rural galego a debate es, tal como indica el subtítulo, Unha visión dende o Foro Rural Galego. La publicación está estructurada en dos partes, una recopilatoria de las actividades de la asociación y de la gente que participó en ellas a lo largo de los nueve años de vida, y una segunda parte con artículos de opinión de siete colaboradores del Foro.
Los desafíos para el rural, por Sineiro
Al hilo de la despedida del Foro Rural Galego, y a petición de este, Francisco Sineiro hizo una reflexión sobre los cambios experimentados por el sector agrario, “desde un punto de partida de subdesarrollo”, y sobre la situación a la que se enfrenta hoy, tras aumentar la producción pero sin haber conseguido el peso suficiente en el sistema económico.
Sineiro comentó el descenso del número de ocupados agrarios (esta actividad sólo ocupa al 6% de la población en Galicia), el giro en las ocupaciones en el rural (según el censo de 2001, sólo el 20% de los hogares gallegos contaba con algún agricultor) y la brecha de renta entre las zonas despobladas del rural y las más pobladas de las ciudades como algunos de los factores explicativos del estado actual del sector.
Como problema específicamente agrario resaltó el bajo uso de las tierras, en comparación con la agricultura tradicional: “Se está utilizando menos de la tercera parte, cuando es aprovechable cerca de la mitad”. Y vinculó este bajo uso al problema de la propiedad: “El conjunto de las tierras de las explotaciones sólo supone el 30% de Galicia”. También apuntó a la caída del número de granjas (80.000 en el último censo) y a su escaso tamaño, pues sólo 10.000 disponen de una superficie superior a las 20 hectáreas. Las limitaciones de tierras y parcelas y la falta de una política estructural, advirtió, conducen a un volumen de producción menor y a una menor diversificación.
Con este perfil trazado, el ponente afirmó ver el futuro en este campo lleno de incertidumbres por los mercados volátiles y la ausencia de políticas de estabilización de los mismos, por el cambio alimenticio y climático y por la globalización.
Ante este contexto, marcó como estrategias para el rural gallego las siguientes: el aumento de la dimensión, para producir a menor coste, lograr una mayor capacidad de negociación y poder invertir en innovación; la diferenciación de las pequeñas empresas, para aprovechar nichos de mercado con productos y servicios que las grandes empresas no ofertan; la mejora de la organización y de la conexión con el mercado, porque la agricultura y la industria gallegas están quedando relegadas al suministro de materias primas; la cooperación y la colaboración para resolver problemas mutuos, por ejemplo en términos de turismo rural; y, por último, el compromiso, del que citó como ejemplo al Foro Rural Galego.








